jueves 13 de octubre de 2011

Strawberry Plants

Después de dedicar toda mi vida a conducir el tren Madrid-Irún, después de treinta años trabajando de ferroviario para el Estado, acabé con un enfisema pulmonar y una orden de alejamiento, subsanados estos dos problemas, cansado y harto, di con mis huesos en un pueblecito de Castilla, de no más de treinta habitantes, y en compañía de dos gatos que me odian y de un loro que habla con todo el mundo menos conmigo, me dediqué al cultivo de la planta de la fresa.
Los veranos son duros en Castilla, a veces viene el cartero con cartas equivocadas a nombre de otra persona, y muchas veces eso me ha llevado a preguntarme si en el fondo sabré quién soy realmente.
Hay algo propio de la niñez en las plantas de la fresa, es curioso cómo a todos los niños lo primero que les gusta son las chuches con sabor a fresa, chicles, piruletas, chupachuses y caramelos, y, unos pocos años más tarde, cuando las alas de la malicia empiezan a asomar, se decantan por los sabores más fuertes como la menta y ellos no saben que a partir de ese momento en el que ya han decidido dar un giro a su vida, buscar emociones y sabores más fuertes, irremediablemente no van a poder parar y todos se deslizarán por esa pendiente, y algunos incluso hasta su popia destrucción. Pero todo empieza cuando de niño te empiezas a preguntar si será capaz de gustarte un chicle de menta fuerte, en vez de los inofensivos y suaves con sabor a fresa.
Amparado por la sensación de inocencia que me proporcionaba el cultivo de la planta de fresa, que en mi caso era prácticamente una beatitud, tuve a bien disponer un espacio en mi huerto para tan maravillosas plantas..por la noche antes de dormirme las daba las buenas noches mientras el loro me torcía el pico y los gatos me sacaban las uñas...Con el tiempo me iba dando cuenta que entre las plantas de la fresa y yo había nacido una extraña vinculación, pero no quería asomarme a esos abismos de mi mente, ni acompañarlos de lecturas y rezos, simplemente dejaba que el sol hiciera su recorrido como las manos de una mujer amante, y cuando todo parecía estar en silencio empezaba a sentirme muy cansado y me dejaba invadir por el sueño con un sopor parecido al de los dementes y los narcotizados, entrando en algo que no sabía definir pero que guardaba relación con la muerte.
El cultivo de la planta de fresa era toda mi vida, y, cobrando como cobraba, una pequeña pensión, el hecho de no querer lucrarme con el cultivo de la plantas de fresa y de hacerlo simplemente por la saludo y el bien de mi alma, tenía para mí u efecto sanador que me ha llevado en poco tiempo a ser el que soy ahora, quizás un ser más puro pero no por ello sujeto a cambios que puedan revertir de manera absoluta cualquier tipo de situación anterior. Así, mientras cultivaba la planta de fresa, me daba cuenta que en la farsa de la vida yo había sido un hombre que siempre había querido algo y que había llegado a un estado en el que todo su bien y toda su vida era finalmente cultivar la plantas de la fresa, quizás hasta el final de sus días y sólo mientras los días existieran y el sentido de la vida fuera el que uno creé que tiene.